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           Critics:
                                                    (No translations available at the moment, sorry)



Cuando uno mismo inventa música, es decir, compone e improvisa, suele sonar con una nueva combinación, algo que salte fronteras estéticas y que se resista a la inclusión en algun género o catálogo. Una música que exista por sí misma: autónoma y vital.
De vez en cuando esos sueños se cumplen y nos sorprenden.
Akafree lo ha logrado. Los ingredientes de la música de Chefa Alonso pueden recordar el ímpetu de los solos de Eric Dolphi, los vertiginosos unísonos de la formación de John Malaughin, ritmos aksa de los Balcanes y el trabajo sonoro de los compositores contemporáneos - a veces incluso los sonidos exóticos de las ragas indias.
La música de akafree no tiene escisiones: es una energía única y autárquica. El sonido compacto del grupo funde todos los elementos en una entidad homogénea, es una música que tiene "alegría" y que de su centro desarrolla un cauce sonoro que abre ventanas y salta con entusiamo anárquico a la calle".

Thomas Beimel, composer y musicologist, 2003



Fuerza mayor
"Esta música es alegre, pero no
con una alegría francesa o alemana.
Su alegría es africana. El destino
ciego pesa sobre ella, su felicidad
es breve, repentina, sin piedad"

En la música de Akafree están las buenas formas del free jazz, mejor dicho, de un jazz que se va haciendo free de un día para otro, y están los ecos de Monk, o de Monk a través de Lacy, o de Monk a través de Lacy a través de las múltiples experiencias sonoras de Chefa, y de su descomunal gracia como compositora (aquí "gracia" se refiere a un poder de comunicar júbilo por el que alguien puede ser "tocado" en tanto que instrumento de ese poder, y no a una habilidad para "hacerle gracia" al público, cosa ésta última que abunda tanto como aburre). Y en esas formas está la inusual concentración de aciertos expresivos de Javier, Juan, Marcos y Rodrigo, catalizados por los motorcillos de explosión creativa que son los nada obvios temas de Chefa. Unos temas que -citando las observaciones que hace M.C.Jalard respecto de Duke, Monk y Cecil taylor, pero que podrían entenderse como un programa o una poética del free jazz- no responden a una concepción hipotética, la de funcionar como secuencias o matrices armónicas para un número infinito de variaciones, sino categórica: la de profundizar y revelar el tema mismo, tomado a la vez como horizonte y material de la improvisación.

En Akafree desembocan muchas músicas (del rock al funk pasando por la free music, sin olvidar las orquestas antillana y gallega), pero sobre todo cinco caudalosas musicalidades. Están por la labor, viven y hacen vivir tocando, se escuchan entre sí, proponen y ordenan, son delicados y enérgicos, y hasta sutilmente humorísticos, no se conforman con clichés... todo eso que podemos escuchar sin necesidad de "entender de jazz", y que posiblemente concierne a un nivel de la experiencia estética que trasciende las barreras entre las prácticas artísticas, que podría decirse con ligeras variaciones respecto de otras modalidades de música e incluso respecto de otras de otras formas sensoriales del arte.

Inclinados a la improvisación, Akafree se comportan como aborígenes del acontecimiento sonoro en que están inmersos y no como funcionarios de una gramática normalizada. Y esto sí me conmueve personalmente, porque después de muchos años de afición he dejado de asistir casi por completo a conciertos de jazz, harto de virtuosismo deportivo (los que tocan como "maquinonas"), de "locuacidad" hipotética, de insistencia devocional en los cánones. No voy a reiterar el error de declarar por mi cuenta "la muerte del jazz", pero tampoco puedo dejar de decir lo que pienso: que casi todo lo que se produce y escucha hoy bajo ese rótulo (incluidos, por supuesto, el "jazz latino" y el "acid jazz") se da bajo la forma de las jergas codificadas y bajo los formatos de la commodity. Por algo, según me cuentan, los dioscuros Marsalis, dioses oscuros del canon jazzístico en el mercado global, no hablan ya de "público" del jazz, sino de "clientes".

Así que Akafree me reconcilia al menos por un rato con el jazz, que debería ser free en general, más allá de lo free como género. Akafree me regocija el rato kafre.

Nietzsche, el filósofo músico, el filósofo europeo de la música, el que reclamaba de la música una afirmación incondicional y exultante de la vida, en general extraña a Europa, y por ende la expresión de la alegría en tanto que "fuerza mayor" -como ha propuesto recientemente C. Rosset-, fue quien escribió, refiriéndose a un contemporáneo, la sentencia que encabeza estas líneas. Akafree también se la merece.

Gonzalo Abril, 2003